Puede tomarte mucho tiempo, pero jamás será tarde,
porque te amo, porque no estoy completa sin ti,
porque estas llamado a ser Feliz,
aquí estoy y aquí estaré para ti,
reverente, en silencio; prudente, a tu lado;
rezando, esperando, avanzando,…
Puede tomarte mucho tiempo, pero jamás será tarde,
Oh! Señor, acelera su paso, guíale hacia Ti,
toma mis fuerzas y toda mi vida para que no se detenga,
anímale a que se levante y pueda regresar,
ayúdale para que camine y se apure a llegar.
Puede tomarte mucho tiempo, pero jamás será tarde,
porque apuesto por ti, apuesto por nosotros:
sé que será realidad lo que en el fondo anhelamos;
de pie permaneceré vigilante, muriendo por ti en la Meta,
y a tu llegada juntos, abrazados, la Victoria disfrutaremos.
Puede tomarte mucho tiempo, pero jamás será tarde…
Aquí, te esperaré… por siempre!
rezando, esperando, avanzando,...
6 de mayo de 2010
TE ESPERARÉ POR SIEMPRE
27 de abril de 2010
MIRARSE AL ESPEJO
"Hay panolis (tontos) que se piensan que esto de escribir para uno es como hablar a solas, cosa de chalados. Eso son ganas de enredar las cosas porque uno no siempre dice lo que quiere y hay pensamientos que andan por dentro de uno y uno, por vueltas que les dé, no acierta a expresarlos, o a lo mejor no le da la real gana de hacerlo. Uno es de una manera y como uno es, no lo sabe ni su madre y, sin necesidad de ir a lo zorro uno nunca se confía del todo a los demás(…)Yo digo que esto de escribir para uno es tal y como mirarse al espejo, con la diferencia de que uno no se ve aquí el semblante, sino los entresijos."
Lorenzo en “Diario de un emigrante” por Miguel Delibes
23 de abril de 2010
CHAQUETA BLANCA

Estos días de cambio de clima son ideales para perder abrigos y chaquetas, sale uno temprano en la mañana bien abrigado a causa del frío pero por la tarde hace tanto calor que ni siquiera se echa de menos el jersey o el abrigo que se ha quedado atrás.
Esto le sucedió a mi chaqueta blanca, cuando salí del gimnasio hacía un sol radiante y no me acordé de ella hasta un par de días después que no la encontré en mi armario. ¡La he perdido! pensaba al tiempo que me esforzaba por recordar dónde la había visto por última vez. Escogiendo un abrigo adecuado, en las prisas de la mañana, recordé que mi chaqueta blanca es a la vez ligera y calientita, a pesar de ser blanca es bastante repelente a las manchas y precisamente por ser blanca se ha convertido en un comodín para mí: ¡combina con todo!
Cuándo ya la daba por perdida se me ocurrió preguntar a la chica de la recepción del gimnasio si alguien le había entregado una chaqueta blanca. ¡Cuál no sería mi alegría cuándo la trajo de un cuartito de atrás! en verdad me alegré mucho.
Qué grande es la alegría de volver a tener algo que se había perdido, cuántas veces necesitamos perder algo para darnos cuenta de su valor y ¡qué bueno es celebrar cuándo recobramos algo nuestro!
Con la conversión vamos recuperando la semejanza perdida, ¡celebremos con gratitud y alegría cada paso que damos hacia el Amor!!!
21 de abril de 2010
BAOBAB

− ¿Cómo pude hacer eso? ¡Jamás me imaginé haciendo algo tan horrible!
− Pues muy fácil, ¡dejaste crecer un baobab en tu corazón!
− Un ¿qué?
Los Baobabs, cómo el de ésta foto, pueden llegar a medir 30 metros de altura y hasta 11 metros de diámetro en la base. No son particularmente bellos, solo tienen hojas en la época de lluvias pero llaman la atención por su tamaño: ¡enormes!
¿Te imaginas que sucedería si “por accidente” creciera uno de estos árboles en tu terraza o patio trasero? o imagínate que un buen día (o un mal día como le sucedió a mi sorprendida y arrepentida amiga) descubres uno de éstos gigantes ¡en medio de tu habitación!
Difícil imaginárselo ¿no? es que resulta bastante complicado descubrir que "de repente" hay algo grande y feo ocupando un sitio donde pensabas que no había nada, o dónde tenías algo hermoso que ha sido desplazado (¡o destrozado!) por esta mole.
Es verdad, el hecho de que de un momento a otro semejante titán “aparezca” en tu casa -o en tu corazón- es tan poco probable que quizá la pregunta más importante no sea ¿qué hace esto aquí? sino ¿cómo llegó esto hasta aquí?
Ya el Principito advertía acerca del peligro de los baobabs: “… en el planeta del principito había, como en todos los planetas, hierbas buenas y hierbas malas. Por lo tanto buenas semillas de hierbas buenas y malas semillas de hierbas malas. Pero las semillas son invisibles”, las semillas se ocultan bajo la tierra y luego comienzan a crecer como pequeñas ramitas y “es cuestión de disciplina, me decía el principito. Después de terminar la higiene matinal, hay que hacer con cuidado la limpieza del planeta. Hay que obligarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. Es un trabajo muy fastidioso, pero muy fácil.”
No dejemos crecer baobabs en nuestros corazones, cuándo se "asomen" esas cosas que sabemos que no están bien, o esas cosas que "no me gusta de mi", en lugar de decir excusas como "pero así soy", "los demás son peores que yo", "es algo pequeñito"... mejor hagamos un esfuerzo por arrancar desde la raiz, !esforcémonos por cambiar!
5 de abril de 2010
DOLOR - ALEGRÍA
¿No es sorprendente? aún cuándo parece que no hay más que hacer, cuándo parece que todo está perdido, el ratoncito no pierde la esperanza y fortalecido por el excelente queso que ha comido, se va levantando del golpe ¡con tanto entusiasmo que nos alegra!
Así los cristianos, cuándo nuestros sufrimientos, desilusiones o problemas, sean tan grandes que como que nos aplastan, con confianza pidámosle al Espíritu Santo que su Amor nos fortalezca, que su júbilo nos alegre y nos anime a seguir adelante. Pidámosle que nos enseñe y ayude a levantarnos gozosos, aún en el peor sufrimiento, para que así contagiemos a todos la alegría verdadera, la alegría de la victoria de la Resurrección.
¡Adelante, siempre adelante, siempre alegres!
2 de abril de 2010
LA LECCIÓN DE LA MARIPOSA

Un día, un hombre sentado al borde del camino bajo un árbol, observó cómo la oruga de una crisálida de mariposa intentaba abrirse paso a través de una pequeña abertura aparecida en el capullo. Estuvo largo rato contemplando cómo se esforzaba hasta que, de repente, pareció detenerse y que había llegado al límite de sus fuerzas: no conseguiría ir más lejos. O así creía él.
El hombre decidió ayudar a la mariposa: agarró una tijera y ensanchó el orificio del capullo. La mariposa, entonces, salió fácilmente. Pero su cuerpo estaba blanquecino, era pequeño y tenía las alas aplastadas. El hombre continuó observándola, porque esperaba que, en cualquier momento, sus alas se abrirían y estirarían y el insecto se echaría a volar. Nada ocurrió.
La mariposa vivió poco y murió. Nunca voló, y las pocas horas que sobrevivió las pasó arrastrando lastimosamente su cuerpo débil y sus alas encogidas.
Aquel caminante, con su gentileza y voluntad de ayudar, no comprendió que el esfuerzo necesario para abrirse camino a través del capullo era la manera que Dios había dispuesto para que la circulación de su cuerpo llegara a las alas, y estuviera lista para volar una vez hubiera salido al exterior.
Algunas veces, justamente es el esfuerzo lo que necesitamos en nuestra vida. Si Dios nos permitiese vivir sin obstáculos, quedaríamos inválidos. Nunca llegaríamos a nuestra plenitud. El éxito en la vida se mide por los obstáculos que has tenido que enfrentarse en el camino.
Autor anónimo.
17 de marzo de 2010
PENSAMIENTO POSITIVO
Me preguntas “¿Qué estoy haciendo mal? ¿Qué me falta? leo los libros de auto ayuda, veo todos los lindos Power Points que mis amigas envían por e-mail, me lleno de mantras positivos y ya parezco perico de tanto que me repito todo el día "Soy una persona valiosa","Voy a tener éxito", evito los sentimientos y pensamientos negativos, soy POSITIVA…”.Ya has puesto una planta en un lugar estratégico de tu casa, cambiaste (de nuevo) el color de las cortinas del comedor, tienes un “look” mas jovial con esos pantalones que estás estrenando… y las cosas parecen mejorar, por un rato al menos, te sientes mejor, los demás te dicen que te ves bien, tienes esperanza, con una sonrisa vas caminando en este mundo, hasta que algo te hace perder el equilibrio y ¡caes de nuevo!
Otra vez esa tristeza que te hace pesada la vida, con un cansancio que te frena en lo que te gustaría realizar o inclusive te estorba en lo que tienes que hacer. Otra vez esa sensación de soledad, regresan esas ganas de irte lejos, a un viaje interesante, a una aventura exótica. Experimentas de nuevo esa sensación de que alguien te ha engañado, que la vida tiene que ser más de lo que ha sido hasta ahora, ¡que enojo y que rabia te da! y sin querer (o queriendo) te descuentas con el que tienes más cerca, que la mayoría de las veces es alguien a quien quieres.
Y me repites que eres positiva, que tienes la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables, que enfrentas las dificultades con buen ánimo y perseverancia, que confías en tus capacidades y posibilidades para alcanzar metas y resolver problemas, en resumen que vives con la expectativa de resultados positivos en el futuro. Pero “¿Qué estoy haciendo mal? ¿Qué me falta?”
Yo solo puedo decirte que no creo que estés haciendo algo mal, y que más bien la pregunta no es qué sino Quién, si, ¿Quién te falta?, porque las cosas y actitudes buenas ayudan, las estrategias y estructuras positivas ayudan también, pero por sí solas, como has comprobado tantas veces, ¡no bastan!
Las esperanzas que tenemos, que día a día nos mantienen en el camino no son suficientes, nos hace falta la gran Esperanza; aquella esperanza que ha de superar todo, aquella que es el “ancla del alma”, firme y segura en medio de los temblores y las tempestades de la vida. La verdadera, la gran Esperanza del hombre, que resiste a pesar de todas las desilusiones, solo puede ser Alguién, ese Alguién que nos ha amado y que nos sigue amando «hasta el extremo».
12 de marzo de 2010
ME HA DICHO QUE “¡NO!”

Lola le comentaba a su amiga, un tanto alarmada, un tanto frustrada y otro tanto resignada… que su hijo de 4 años le dice que ¡NO!, y que recuerda que hasta los 11 u 12 años ella y su hermana siempre hacían lo que su madre les indicaba.
– ¿Cómo así? –Le pregunta la amiga.
–Pues ayer –comenzó Lola su relato– al vestir a mi hijo para ir al colegio, le pedí que se pusiera los zapatos y me ha dicho que ¡NO!, ¡que esos zapatos él no se los pone!
– ¿Por qué? ¿Le aprietan? ¿Están rotos?
– Están perfectos –y tomando una bolsa que traía consigo, Lola los saca para mostrarlos– aquí, ¡míralos! prácticamente nuevos, los que están rotos son los zapatos del colegio, se rompieron hace un par de días y, como yo tenía estos del mismo color, pues se los llevó puestos ayer…
–pero hoy no ha querido ponérselos...
–no, no ha querido, ¿sabes por qué?
(Su amiga no lo sabe, ni yo lo sé, no tengo la más remota idea pero, en actitud solidaria, hacemos nuestra mejor cara de estar intentando decidir entre una serie de posibilidades, aunque en realidad no podemos imaginar por qué un pequeñín de 4 anos un día usa unos zapatos en perfecto estado y al día siguiente se rehúsa).
–Pues –continúa Lola– porque otro niñito de su clase le ha dicho que parecen de NIÑA ¿puedes creerlo? ¿Qué un niño de esa edad se fije en los mínimos detalles? Si fuera niña… ¡pero es niño!
– ¡Caramba! –le dice su amiga, honestamente sorprendida– ¡en lo que se fijan!
–Sí, ¡en que tiempos nos ha tocado ser padres!
–Ya, vamos, pero ¿Qué hiciste?
–Pues se fue con los zapatos de deporte, los blancos, y con una nota para la profesora
– ¡CARAMBA! ¿Cómo pudiste!?!?

– ¿Qué? –se defiende Lola– ¡Yo quería que mi hijito fuera contento al colegio!
– Vamos a ver, TODOS queremos que nuestros hijos vayan contentos al cole, pero estos zapatos –toma la amiga el par que recién había regresado a la bolsa– aquí y en China, ¡son de niño! y es tonto decir que no lo son, y tu, querida amiga, pues en lugar de enseñarle a tu hijo a ser fuerte e ignorar comentarios tontos y a confiar en que sus padres le dan lo que es bueno para él, le has enseñado dos lecciónes al revés: que lo más importante es que esté contento, que se sienta bien todo el tiempo, ¡algo que tu y yo sabemos es imposible por más que quisiéramos! y sin darte cuenta, le has enseñado que debe hacer caso a lo que los demás le digan antes de obedecer a su madre, es decir, –agrega con voz como si alguien se hubiera muerto, mientras coloca los zapatos despacio de nuevo dentro de la bolsa– un compañero, que ni conoces, de 4 años, ¡ha tenido más autoridad que tú! Amiga, tú sola te has quitado la autoridad, ¡no me extraña que escuches muchos “NO” de aquí en adelante!
– ¿Cómo así? –Le pregunta la amiga.
–Pues ayer –comenzó Lola su relato– al vestir a mi hijo para ir al colegio, le pedí que se pusiera los zapatos y me ha dicho que ¡NO!, ¡que esos zapatos él no se los pone!
– ¿Por qué? ¿Le aprietan? ¿Están rotos?
– Están perfectos –y tomando una bolsa que traía consigo, Lola los saca para mostrarlos– aquí, ¡míralos! prácticamente nuevos, los que están rotos son los zapatos del colegio, se rompieron hace un par de días y, como yo tenía estos del mismo color, pues se los llevó puestos ayer…
–pero hoy no ha querido ponérselos...
–no, no ha querido, ¿sabes por qué?
(Su amiga no lo sabe, ni yo lo sé, no tengo la más remota idea pero, en actitud solidaria, hacemos nuestra mejor cara de estar intentando decidir entre una serie de posibilidades, aunque en realidad no podemos imaginar por qué un pequeñín de 4 anos un día usa unos zapatos en perfecto estado y al día siguiente se rehúsa).
–Pues –continúa Lola– porque otro niñito de su clase le ha dicho que parecen de NIÑA ¿puedes creerlo? ¿Qué un niño de esa edad se fije en los mínimos detalles? Si fuera niña… ¡pero es niño!
– ¡Caramba! –le dice su amiga, honestamente sorprendida– ¡en lo que se fijan!
–Sí, ¡en que tiempos nos ha tocado ser padres!
–Ya, vamos, pero ¿Qué hiciste?
–Pues se fue con los zapatos de deporte, los blancos, y con una nota para la profesora
– ¡CARAMBA! ¿Cómo pudiste!?!?

– ¿Qué? –se defiende Lola– ¡Yo quería que mi hijito fuera contento al colegio!
– Vamos a ver, TODOS queremos que nuestros hijos vayan contentos al cole, pero estos zapatos –toma la amiga el par que recién había regresado a la bolsa– aquí y en China, ¡son de niño! y es tonto decir que no lo son, y tu, querida amiga, pues en lugar de enseñarle a tu hijo a ser fuerte e ignorar comentarios tontos y a confiar en que sus padres le dan lo que es bueno para él, le has enseñado dos lecciónes al revés: que lo más importante es que esté contento, que se sienta bien todo el tiempo, ¡algo que tu y yo sabemos es imposible por más que quisiéramos! y sin darte cuenta, le has enseñado que debe hacer caso a lo que los demás le digan antes de obedecer a su madre, es decir, –agrega con voz como si alguien se hubiera muerto, mientras coloca los zapatos despacio de nuevo dentro de la bolsa– un compañero, que ni conoces, de 4 años, ¡ha tenido más autoridad que tú! Amiga, tú sola te has quitado la autoridad, ¡no me extraña que escuches muchos “NO” de aquí en adelante!
7 de marzo de 2010
UNA ALEGRÍA NO ES LA META

Estuve el fin de semana visitando a mi hija, pasé hermosos momentos a su lado, conversamos, reímos, nos abrazamos, paseamos, compramos,… me presentó sus nuevas amistades y participé de sus nuevas actividades. Además aproveche el viaje para visitar también a una querida amiga que vive en otro pueblo cercano, ¡cuánto hemos reído! y también llorado, pues hace un par de semanas falleció su papá tras una larga convalecencia.
¡Qué hermosos días, compartiendo tantas horas de alegría con dos de las personas que más quiero!
¡Cuántas cosas buenas viví en tan corto tiempo!
¡Cómo me hubiera gustado que ese tiempo no acabara!
¡Cómo me gustaría que estuviéramos así, juntas, siempre!
Regresé a casa experimentando dolor-alegría: con el corazón triste por las despedidas, pero también alegre por los días vividos. Si, en una parte de mi corazón muy profunda, más profunda que de donde brotaba el dolor de la separación, iba comenzando a brillar una llama pequeñita que poco a poco fué creciendo, dándome una sensación de cálido consuelo y, que aún con lágrimas en los ojos, me dibujaba una leve sonrisa en los labios. Una llama que fue convirtiendo esa tímida sonrisa en sincera alegría y en gratitud por los momentos vividos.
Atesoro estos días como una promesa, como “una probadita” de lo que será vivir la Alegría eterna, como un aliciente en mi caminar diario en este mundo, como una invitación a no perder de vista la Verdadera Meta, una exhortación a seguir entusiastamente ¡adelante, siempre adelante!
6 de marzo de 2010
¡YO NO SÉ QUÉ ES ESO!
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