23 de abril de 2010

CHAQUETA BLANCA


Estos días de cambio de clima son ideales para perder abrigos y chaquetas, sale uno temprano en la mañana bien abrigado a causa del frío pero por la tarde hace tanto calor que ni siquiera se echa de menos el jersey o el abrigo que se ha quedado atrás.
Esto le sucedió a mi chaqueta blanca, cuando salí del gimnasio hacía un sol radiante y no me acordé de ella hasta un par de días después que no la encontré en mi armario. ¡La he perdido! pensaba al tiempo que me esforzaba por recordar dónde la había visto por última vez. Escogiendo un abrigo adecuado, en las prisas de la mañana, recordé que mi chaqueta blanca es a la vez ligera y calientita, a pesar de ser blanca es bastante repelente a las manchas y precisamente por ser blanca se ha convertido en un comodín para mí: ¡combina con todo!
Cuándo ya la daba por perdida se me ocurrió preguntar a la chica de la recepción del gimnasio si alguien le había entregado una chaqueta blanca. ¡Cuál no sería mi alegría cuándo la trajo de un cuartito de atrás! en verdad me alegré mucho.

Qué grande es la alegría de volver a tener algo que se había perdido, cuántas veces necesitamos perder algo para darnos cuenta de su valor y ¡qué bueno es celebrar cuándo recobramos algo nuestro!

Con la conversión vamos recuperando la semejanza perdida, ¡celebremos con gratitud y alegría cada paso que damos hacia el Amor!!!
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