8 de agosto de 2010

PAUSA DE VERANO


Estaré de vacaciones, en circunstancias que hacen difícil el acceso al internet, pero seguiré con mas posts de PUERTAS FALSAS el próximo mes!

Un abrazo a todos los que leen este blog y otro abrazo a los que comparten sus comentarios publicándolos!

Que Dios los bendiga a todos.

4 de agosto de 2010

NO PODEMOS DEJARLO VIVIR ASÍ. EUTANASIA II. PUERTA FALSA

Ma. Leticia, quien tiene espina bífida y a su esposo Salvador "Chava", con parálisis cerebral comparten su alegría de vivir.

(si no puedes ver el video visita este link: http://www.youtube.com/watch?v=BPuSk8X-5Zo)

video
Afortunadamente ellos nacieron en México y no en Holanda!

Según publicaron los holandeses Eduard Verhagen y Pieter Sauer, pediatras de la Clínica pediátrica de Groningen, en el “New England Journal of Medicine” (marzo 2005), el “protocolo Groningen” es una guía que indica al médico cómo actuar en los casos en los que el recién nacido con una enfermedad grave experimenta un sufrimiento insoportable que no puede aliviarse con los cuidados médicos.

El protocolo regula el procedimiento a seguir para aplicar la eutanasia a recién nacidos dentro de los márgenes legales que la consideran aceptable. Una especie de garantía que asegura a los médicos que no se les perseguirá jurídicamente si se atienen a él.

Los autores estudiaron 22 casos de eutanasia a bebés, realizados en la sección de pediatría de la Clínica Beatrix en los últimos siete años. En todos los casos se trataba de pacientes nacidos con espina bífida -como Ma. Letícia del video-, y como consecuencia de su espina bífida no les funcionaban varios órganos, entre ellos los riñones y el intestino, por lo que los bebés sufrían dolores “insoportables” y ahogos. Después de la decisión de interrumpir el tratamiento médico porque los bebés “no daban ninguna esperanza”, estos no fallecían inmediatamente. En todos los casos, los padres pidieron la eutanasia porque no soportaban ver el sufrimiento de sus hijos.

El protocolo reconoce que la calidad de vida que se considera aceptable para justificar la eutanasia es un criterio subjetivo que depende de las distintas opiniones de padres y médicos. Para no caer en apreciaciones personales, se han recogido los criterios adoptados por el “Grupo Profesional Médico” para la valoración de situaciones críticas en el informe “Doen of laten” (“Hacer o dejar de hacer”) de la Asociación Holandesa de Pediatría. Estos criterios son los siguientes: el grado de dependencia de los cuidados médicos que tendrá el paciente en el futuro, la posibilidad de llevar una vida más o menos autónoma, la capacidad de comunicación, el nivel de sufrimiento y la esperanza media de vida.

En principio, son los padres del recién nacido los que están legalmente autorizados para tomar la decisión que crean más conveniente. Pero en la práctica las decisiones de acabar con la vida del bebé se llegan a realizar sin consentimiento de los padres y muchas veces en contra de su opinión. En la unidad de neonatología del hospital académico de la Universidad Libre de Amsterdam, por ejemplo, es práctica normal administrar una cantidad letal de sedantes a bebés a los que se ha decidido interrumpir el tratamiento intensivo cuando los padres manifiestan su intención de mantener la vida del bebé en el caso de que éste siga respirando por cuenta propia. “Es una decisión difícil, pero no podemos dejar vivir a un niño en unas condiciones inhumanas, aunque los padres lo deseen. En una situación así, sólo el médico puede determinar objetivamente sobre lo que es lo mejor para el paciente”, afirma el médico catedrático y jefe del departamento de Neonatología de dicho hospital.

Fuente: Aceprensa - 068/05 - 08-06-2005

2 de agosto de 2010

NO QUISIERA CONTINUAR VIVIENDO. EUTANASIA I. PUERTA FALSA

Si algo así me sucediera, yo no quisiera continuar viviendo, yo nunca querría estar como él” era lo que había dicho Richard Rudd mientras cenaba con una de sus dos hijas adolescentes, refiriéndose a un amigo de la familia que sufrió un accidente en el que perdió ambas piernas y se encontraba en coma dependiente de un respirador artificial.

Ahora las circunstancias cambiaban, era el 17 de julio de 2010, a escasos seis meses del colapso a alta velocidad de su motocicleta contra un automóvil y los médicos le planteaban al mismo Richard Rudd un asunto de vida o muerte ¡literalmente le preguntaban acerca de su propia vida!: “Richard, ¿quieres que continuemos con tu tratamiento? Si es así, mueve tus ojos a la izquierda, si no, muévelos a la derecha”.

El incidente en moto de Richard ocurrió el pasado 23 de octubre. En diciembre la familia de Richard estaba segura de que él no hubiera querido que su tratamiento continuara, se experimentaban muy desgastados después de un mes entero de baterías de tests y pruebas que traían la confirmación de la valoración inicial: estaba parapléjico, la parálisis de sus piernas y brazos sería permanente.

Test y pruebas que le fueron realizados mientras permanecía en un profundo coma, -que entonces se creía permanente-, en el Hospital Addenbrooke de Cambridge, sostenido por respiración artificial y alimentado por una sonda directa a su estómago. Los padres de Richard, al ver con dolor que su hijo de 43 años no podía hablar, ni moverse, ni siquiera respirar o tragar sin ayuda de aparatos decían: “Conservar a alguien con vida mientras está sufriendo sin expectativas de mejora es jugar a ser Dios, porque esto es ir contra la naturaleza… si se hubiera dejado que la naturaleza siguiera su curso Richard hubiera muerto unas semanas atrás”.

Pero mientras la familia Rudd se preparaba para “despedirse” de Richard, su médico, el Dr. Menon, hizo un asombroso descubrimiento: Richard podía, moviendo sus ojos, responder a preguntas sencillas.

Tras varios meses de terapia del habla, los médicos –y familiares– de Richard estaban convencidos de que sería capaz de comunicar decisiones sobre asuntos complejos con toda claridad, moviendo sus ojos a la izquierda o derecha indicando respuestas afirmativas o negativas. Fue entonces cuando el Dr. Menon le preguntó si deseaba continuar su tratamiento o suspenderlo, terminando así con su vida.

Richard comprendía que llevaba 6 meses internado al momento de la pregunta, recordaba haber sufrido un accidente, entendía que estaba sujeto a un ventilador artificial y que lo alimentaban mediante un tubo.

Relata el Dr. Menon: "Le pregunté si consentía que continuáramos con el tratamiento y dijo si”, le pregunté de nuevo y una tercera vez, dejó claro que su decisión era consistente".

Ahora el padre de Richard insiste: "Todos se sientan en el bar o en el trabajo y dicen 'si esto me pasa a mí, apagaría la máquina'. Pero todo es hipotético y no es posible saber lo que realmente querrías hasta que te sucede. La familia y los amigos sienten que pueden decidir por esa persona que en un momento preciso no tiene la posibilidad de optar. Richard tuvo la oportunidad y su voluntad de vivir venció".

Aunque no se vislumbra la posibilidad de desconectarlo del respirador Richard ahora puede mover unos cuantos centímetros su cabeza hacia la izquierda y hacia la derecha, hacer expresiones faciales y su memoria a largo plazo está intacta. Los progresos son lentos, Richard sigue viviendo y disfrutando de la oportunidad de ver a sus hijas crecer.