19 de julio de 2009

BALANCEAR FAMILIA Y TRABAJO


Un tema capital en la vida de muchas mujeres es el balance entre familia y trabajo. Un nuevo feminismo está poniendo en tela de duda las modas que se iniciaron desde los años 60, considerándolas como interpretaciones equivocadas de los derechos de la mujer ya que, en su búsqueda por reclamar los mismos derechos ante la ley para la mujer y para el hombre, se han convertido en leyes y costumbres anti-maternidad.
Denunciando los excesos en que se ha caído, surge una corriente en Europa y Estados Unidos que va en contra de ese feminismo que defiende la intención de que la mujer ocupe el lugar del hombre en todo, que no distingue ninguna de las diferencias que existen entre las mujeres y los hombres. El nuevo feminismo
se opone a esa equivocada emancipación femenina porque hizo que las mujeres crean que solamente son “alguien” si ganan dinero; y evidencia que para lograr esta mentalidad se ha venido atacado lo que de más femenino tiene la mujer: se han despreciado sus valores propios, especialmente la maternidad, y se ha minusvalorado el tiempo que la mujer dedica a su hogar y a sus hijos.
“Me siento engañada: cuando estoy en la oficina me remuerde la conciencia por no estar con mis hijos; y, por otro lado, aunque lo que gano apenas cubre los gastos del nido, no podría desperdiciar mi inteligencia dejando de trabajar” dice la recepcionista Laura Orozco, madre de Juan José y de Victoria (de 1 y 3 años).
Como Laura, estas nuevas feministas comentan que hoy en día es un engaño creer que las mujeres pueden fácilmente perseguir el éxito profesional y criar adecuadamente a sus hijos al mismo tiempo. Eva Herman, presentadora del más famoso noticiero en Francia y autora del libro “El principio de Eva”, y la suiza Marianne Siegenthaler, que ha vendido miles de copias de su desafiante libro “Ama de casa, el mejor trabajo del mundo”, hacen recordar que un verdadero feminismo busca la correcta valoración de la dignidad y vocación de la mujer.
A la ejecutiva Adriana Mercado le hubiera venido muy bien escuchar a la diputada inglesa Harriet Harman, pues reconoce: “Siempre estoy cansada, esperé hasta tener un mejor puesto para tener a mi primer hijo, me embaracé a los 35 y ahora, que tiene 3 añitos, no consigo las energías para cuidarlo como quisiera”. La diputada inglesa recomienda no tener los hijos tan tarde como ella, que tuvo tres hijos entre los 32 y 37 años, y pide que para la decisión de ser mamá se tomen en cuenta criterios como las decisiones en pareja, la salud y el bienestar de madres e hijos y no solo el éxito o la presión económica.
La historiadora y reconocida feminista rusa Ivonne Knieblehler, a sus 84 años declara que ha repensado el feminismo y que se debe entender la maternidad como una “cuestión capital de la identidad femenina”. La estadounidense y ganadora del premio Pullitzer Katherine Ellison, en su libro “La inteligencia maternal”, no sólo rompe el mito de que la mujer se desperdicia en el hogar sino que asegura que la maternidad hace a la mujer más capaz: “algo me decía que tendría que pagar un alto precio por ser madre. Tenía razón. Pero en aquel entonces, no suponía lo mucho que iba a ganar a cambio” y demuestra que la maternidad contribuye a estimular la inteligencia de las mujeres al enfrentarlas a nuevos retos y a la necesidad de resolver nuevas situaciones.
La familia tiene derecho a no ser influenciada por quienes ven a la maternidad como una carga o una actitud poco moderna. La maternidad es espacio propicio para el pleno despliegue de la mujer. Busquemos balancear nuestras vidas poniéndole el peso correcto a nuestro trabajo y admitiendo el enorme valor que tiene tanto el tiempo que dedicamos a nuestros hijos como los sacrificios que frecuentemente hacemos por amor a ellos.
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