28 de enero de 2010

¿POR QUÉ NO TE CALLAS?


A las 9:10 am, por fin, sale la familia rumbo a la playa. Antes de 5 minutos las tres hijas están ya dormidas en el asiento trasero. Música tranquila. Un poco de lluvia…4 horas y casi 500km después se despierta la menor y de muy buen humor comienza su relato:

-¿Les conté de la fiesta sorpresa de Carla? Bueno la ex-fiesta… lo que sucede es que María quería sorprenderla, por eso fue a casa de Ana sin decirle a Carla (...) entonces Carla se enojó y dijo que no quería ser mas amiga ni de Ana ni de Carla ni de Alejandra (...) y la pobre de Alejandra ni fue a casa de Ana, bueno la verdad si quería ir pero su mamá no la dejó porque sus notas no van muy bien pero estuvo estudiando con Lorena después de ir a comer el helado. Yo le dije a María que est

De repente, lo mas “dulce” que puede y haciendo uso de toda su paciencia, le interrumpe su papá: -Hijita, pero… ¿por qué no te duermes? Todavía falta mucho para llegar.

Se hace un silencio profundo en el auto (coincide con el final de la pista del CD). La mamá con ojos acusadores voltea a ver al papá quien responde: -¿Qué? ¡Estoy intentando manejar!

Y aquí una gran mayoría de los hombres dice: “Pues claro, quien puede hacer nada con tanto parloteo” mientras que el 99% de las mujeres se miran, unas a otras, confundidas y preguntan: “Pero, ¿qué relación puede haber entre lo que la chica iba diciendo y su habilidad para manejar?”

Resulta irónico como, al tiempo que la sociedad actual se sigue empeñando en hacer creer que el hombre y la mujer son iguales en todo, que tienen las mismas habilidades, aptitudes y potencial; la ciencia, está comenzando a probar lo que en la experiencia no podemos negar: que somos ¡muy diferentes!

Conocer las distintas formas de comunicación de hombres y mujeres puede ser el inicio del fin de los frecuentes problemas de comunicación que se viven a diario: ambigüedad, confusiones, errores, frustración por incomprensión,... además comprender cómo nos expresamos de maneras distintas puede ser el primer paso para comenzar a mejorar nuestras relaciones fundamentales, tanto en el ámbito personal como en el del trabajo.

Para comenzar podemos decir que hay elementos en la comunicación de mujeres y hombres que nos hacen diferentes a la vez que complementarios, por ejemplo:

1. HABLAMOS POR MOTIVOS DISTINTOS: La gran capacidad que las mujeres tienen para hablar es uno de los conceptos más difíciles de comprender para la mayoría de los hombres. Lo que podemos hacer las mujeres es animar a los hombres a entender que la principal intención de la conversación de una mujer es hablar. No es necesario resolver nada. Las mujeres debemos explicar a los hombres que lo único que queremos es hablar, que no queremos soluciones. Allan Pease, australiano especialista en Recursos Humanos dice que hay estudios que demuestran cómo el cerebro de una mujer tiene zonas altamente especializadas en funciones del lenguaje: un cerebro femenino puede, sin esfuerzo, hablar entre 6,000 y 8,000 palabras al día. Mientras que la provisión máxima de palabras de un hombre puede oscilar entre las 2,000 y 4,000. Y continua: “Un hombre que trabaja en una empresa puede gastar su dotación de palabras por ahí del medio día, y luego llega a su hogar a encontrarse con ¡una mujer a la que aún le restan entre 4,000 y 5,000 palabras por decir!”

2. CALLAMOS POR MOTIVOS DISTINTOS: Cuándo una mujer está molesta con una persona ¿qué es lo que hace? ¡deja de hablar! Pero esta táctica no funciona en los hombres que de hecho sienten la paz y quietud como una bonificación.
Para psicólogos y consejeros matrimoniales resulta fundamental aclarar que “para comunicarse es necesario estar dispuesto a hablar”. Nadie puede saber lo que yo estoy pensando hasta que se lo diga. Sólo hablando externalizo a los demás lo que siento o necesito. No hay manera de que lo que está en mi interior lo conozca otro si yo no lo digo ¡por muy molesta que esté!
En contraste, para las mujeres puede resultar inquietante cómo un hombre puede estar plácidamente callado sin necesariamente estar pensando en algo específico por largos periodos de tiempo y tiende a interpretar estos silencios, erróneamente como falta de cariño o de atención.

3. TENEMOS ESTILOS DISTINTOS DE CONVERSAR: Para la mayoría de los hombres las mujeres hablan en una forma indirecta y tocan muchos asuntos al mismo tiempo en vez de “ir al punto”. Para las mujeres los hombres no ponen atención a los detalles y son simples de más.

En sus conferencias Allan Peace hace énfasis en lo problemático que puede resultarles a los hombres, en el ámbito laboral (y familiar), la forma "multi-temas" en que algunas mujeres acostumbran presentar los asuntos. El hombre lo que maneja son datos, estadísticas, agendas, fechas y preguntas concretas.

Resumiendo: ¡Nos comunicamos con estilos diferentes!
Cuándo los hombres comprenden que una mujer no puede ser mas como un hombre y las mujeres renuncian a la expectativa de que los hombres se comporten como sus amigas se abren puertas a relaciones más plenas.

Las relaciones pueden vivirse con una mayor armonía si hombres y mujeres comenzamos por conocernos cada uno nosotros mismos para modular nuestros propios estilos particulares de comunicación para escuchar y expresarnos más adecuadamente con nuestro interlocutor.

Con un poquito de atención y bastante buen humor ¡es posible alcanzar una mayor comprensión y así, vivir mejor la comunión en nuestras relaciones!
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