26 de enero de 2010

"EL MITO DEL PROGRESO"

Al ver este video llamado "Mis antepasados" del popular grupo canadiense Dégénérations podemos constatar que es innegable que vivimos desde hace tiempo en una realidad de cambios constantes, que se dan a grandes velocidades, unos tras otros.

Indudablemente el avance de la tecnología y la ciencia tienen influencia en estos cambios pero no podemos restarle crédito a la forma en que hoy vemos los cambios: antes hablar de algo seguro era hablar de algo fijo, permanente y duradero, ahora lo único seguro parece ser que ¡todo cambia! además en frases como ‹‹la naturaleza del trabajo está cambiando con la rapidez de un torbellino›› vemos que lo que hoy en día llama nuestra atención no es el cambio sino la velocidad del cambio.

El cambio acelerado trae el llamado “mito del progreso” que consiste en creer que todo cambio es un adelanto, un progreso y novedad beneficiosa para el hombre, como diciendo “lo que cambia es bueno” y generando la sensación de que, como todo cambia, entonces ya nada permanece o que nada debería permanecer pues lo que ayer valía ya no vale hoy. Entonces, según este mito “todo lo que viene del pasado está caduco”, pasado de moda, inservible. Y en ese “todo” se incluyen los valores permanentes y todo aquello que no cambia en el ser humano, ni en la naturaleza.

¿Alguna vez nos detenemos a preguntarnos cuánto afecta a cada persona cada cambio? ¿cómo me afectan a mí tantos cambios? De hecho se pierde reflexión frente a los cambios vertiginosos porque casi no dejan tiempo para evaluarlos, y sus impactos se asumen. Y es que el “progreso” constante seduce y engaña de tal forma que, poco a poco, el cambio se ha ido convirtiendo en el valor supremo (por encima de la verdad y el bien): se busca el cambio ante todo.

Podemos decir que el mundo de hoy vive una crisis particular, especial, caracterizada por lo acelerado, lo extenso y lo profundo que se da el cambio. Todo cambia tan rápido que acabamos viendo “bien” donde en realidad hay “mal”. Tanto cambio marea y nos vamos dejando regir por una como ley de mercado que va sustituyendo los valores morales: ahora lo “bueno” es lo que a la mayoría le gusta, le agrada o le apetece y entre otras cosas se llega a reducir al hombre a la categoría de una cosa o de una función. Es decir se ha perdido de vista ¿quién es el hombre?, ¿para que trabajamos?, ¿por qué tomamos esta o aquella decisión?...

Cuando todo debería estar encaminado a la felicidad del hombre sucede que éste se convierte en un engranaje más de una sociedad que ya no busca el bien de la humanidad, la persona se vuelve sustituible a todo nivel y si ya no funciona, si se vuelve lento, si no es productivo, hay que desecharlo.

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