21 de febrero de 2010

SED DE INFINITO


Bien sé que beber agua es indispensable
  para mi vida y que para que yo siga viviendo, tengo que tomar suficiente agua. En teoría es fácil darme cuenta cuando me falta beber agua pues ¡siento sed! Pero a veces no me pongo atención, me distraigo y estoy con los labios secos, con la boca también seca e incluso en días de mucho calor he llegado a olvidarme por mucho tiempo de tomar agua al punto que he tenido fuertes dolores de cabeza, simplemente
 porque no he tomado suficiente agua a tiempo.

Está claro que puedo llegar a desatender algo indispensable para mi vida, ¡para mi propia existencia! y, si puedo descuidar algo tan concreto como una de mis necesidades físicas, que tiene síntomas tan claros, visibles y conocidos, ¡con razón llego a descuidar otros elementos vitales como mis necesidades espirituales!
Mi espíritu también siente sed, pero sed de Agua viva, sed del Amor de Dios, sed de su Gracia que es la fuente de mi alegría, que es de dónde encuentro el sentido a mi vida y las fuerzas para vivirla. Pero ¿Cómo se que estoy sedienta de Dios? ¿Cómo sé que lo que me hace falta es rezar para acercarme a que el Señor Jesús pueda saciar mi sed? Pues con el tiempo me he ido conociendo un poco, y ahora sé que si no estoy enferma, si he tomado agua y si de la nada me sucede uno o más de los siguientes “síntomas” entonces ¡es hora de acudir al Médico!, es hora de tomar el único remedio que va a confortar, tranquilizar, fortalecer y alegrar esta alma mía: ¡la oración!


Mis síntomas más comunes de falta de oración:

-leve (o no tan leve) fastidio o mal humor generalizado, veo el mundo y la vida “grises”

- ante los problemas estoy algo resignada, algo pesimista y bastante negativa
- experimento una inquietud o desasosiego (más o menos fuerte) que no me permite concentrarme en algún trabajo o en mi lectura
- encuentro dificultad para ver el sentido de las cosas pequeñas, me parece que puedo despreciar lo sencillo o lo que forma parte habitual de mis responsabilidades
-“estoy aburrida”, necesito que algo o alguien me entretenga, pero nada me divierte y no paro de buscar nuevas “novedades”, nadie me entretiene lo suficiente y me enfado con quien “debería” hacerme más feliz y no lo hace como yo apetecería
- sufro, no estoy feliz y busco conmiseración, va creciendo una como “necesidad” de que alguien me ponga atención, que alguien me exprese un cariño que ha de ser tal y como yo lo quiero y en el momento que yo lo busco
- estoy con prisa pero llego tarde a todos lados y no veo claro por qué “me sucede” esto
-estoy más irritable de lo usual y con menos paciencia también, ¡especialmente con los que más quiero!
-encuentro la idea de hacer oración poco atractiva, no le encuentro el gusto. Me olvido de que rezar es en realidad hablar confiadamente con Aquel que me ama con amor infinito, lo veo como una obligación o como una rutina (¿Curioso no? ¡Con lo sedienta que estoy y no se me ocurre “espontáneamente” ir a beber!)
- El futuro se cubre de sombras (más o menos) densas, me preocupa que sucederá más adelante, pienso en todo lo que no podría dar cierto, en todo lo que puede salir mal y a veces actúo como si ya estuviera pasando, siento miedo
-“estoy cansada”, me noto con una pesadez y falta de entusiasmo (leve, grave o gravísimo) como con falta de energía vital (ponerle atención a mi descanso, mi alimentación, a mi diversión y hacer deporte ayuda, pero “sigo cansada”)
- percibo una mayor lentitud para comprender lo que los otros quieren o dicen, además veo que la desconfianza se hace presente en mis diálogos y claro, me siento ¡incomprendida!
-tengo una sensación de soledad, me angustia ver que parece que la vida pesa demasiado y que estoy yo sola haciéndolo todo
-me siento insegura, desprotegida y poco capaz para hacer lo que debo hacer
- “tontos todos menos yo”, veo con claridad los defectos de los demás, bueno, no solo con claridad sino como aumentados por una lupa pero… mis defectos se me hacen pequeñeces, cosillas de nada que los demás habían de dejar pasar sin mas

¡Es hora de acudir al Médico! es hora de tomar el único remedio que realmente me va a confortar, tranquilizar y alegrar: ¡la oración!
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