2 de agosto de 2010

NO QUISIERA CONTINUAR VIVIENDO. EUTANASIA I. PUERTA FALSA

Si algo así me sucediera, yo no quisiera continuar viviendo, yo nunca querría estar como él” era lo que había dicho Richard Rudd mientras cenaba con una de sus dos hijas adolescentes, refiriéndose a un amigo de la familia que sufrió un accidente en el que perdió ambas piernas y se encontraba en coma dependiente de un respirador artificial.

Ahora las circunstancias cambiaban, era el 17 de julio de 2010, a escasos seis meses del colapso a alta velocidad de su motocicleta contra un automóvil y los médicos le planteaban al mismo Richard Rudd un asunto de vida o muerte ¡literalmente le preguntaban acerca de su propia vida!: “Richard, ¿quieres que continuemos con tu tratamiento? Si es así, mueve tus ojos a la izquierda, si no, muévelos a la derecha”.

El incidente en moto de Richard ocurrió el pasado 23 de octubre. En diciembre la familia de Richard estaba segura de que él no hubiera querido que su tratamiento continuara, se experimentaban muy desgastados después de un mes entero de baterías de tests y pruebas que traían la confirmación de la valoración inicial: estaba parapléjico, la parálisis de sus piernas y brazos sería permanente.

Test y pruebas que le fueron realizados mientras permanecía en un profundo coma, -que entonces se creía permanente-, en el Hospital Addenbrooke de Cambridge, sostenido por respiración artificial y alimentado por una sonda directa a su estómago. Los padres de Richard, al ver con dolor que su hijo de 43 años no podía hablar, ni moverse, ni siquiera respirar o tragar sin ayuda de aparatos decían: “Conservar a alguien con vida mientras está sufriendo sin expectativas de mejora es jugar a ser Dios, porque esto es ir contra la naturaleza… si se hubiera dejado que la naturaleza siguiera su curso Richard hubiera muerto unas semanas atrás”.

Pero mientras la familia Rudd se preparaba para “despedirse” de Richard, su médico, el Dr. Menon, hizo un asombroso descubrimiento: Richard podía, moviendo sus ojos, responder a preguntas sencillas.

Tras varios meses de terapia del habla, los médicos –y familiares– de Richard estaban convencidos de que sería capaz de comunicar decisiones sobre asuntos complejos con toda claridad, moviendo sus ojos a la izquierda o derecha indicando respuestas afirmativas o negativas. Fue entonces cuando el Dr. Menon le preguntó si deseaba continuar su tratamiento o suspenderlo, terminando así con su vida.

Richard comprendía que llevaba 6 meses internado al momento de la pregunta, recordaba haber sufrido un accidente, entendía que estaba sujeto a un ventilador artificial y que lo alimentaban mediante un tubo.

Relata el Dr. Menon: "Le pregunté si consentía que continuáramos con el tratamiento y dijo si”, le pregunté de nuevo y una tercera vez, dejó claro que su decisión era consistente".

Ahora el padre de Richard insiste: "Todos se sientan en el bar o en el trabajo y dicen 'si esto me pasa a mí, apagaría la máquina'. Pero todo es hipotético y no es posible saber lo que realmente querrías hasta que te sucede. La familia y los amigos sienten que pueden decidir por esa persona que en un momento preciso no tiene la posibilidad de optar. Richard tuvo la oportunidad y su voluntad de vivir venció".

Aunque no se vislumbra la posibilidad de desconectarlo del respirador Richard ahora puede mover unos cuantos centímetros su cabeza hacia la izquierda y hacia la derecha, hacer expresiones faciales y su memoria a largo plazo está intacta. Los progresos son lentos, Richard sigue viviendo y disfrutando de la oportunidad de ver a sus hijas crecer.

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